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| Soy dominicano | |
La dominicanidad se escribe, pero también se baila. La dominicanidad tiene sabor y olor, tiene colores y formas. El hecho de que seamos parte de una región tan diversa como lo es el Caribe nos convierte en seres únicos. Somos hijos de emigrantes que llegaron a nuestra isla desde los cinco continentes y por nuestras venas corre “un chin” de cada una de sus tradiciones culturales.
Si para nosotros es difícil puntualizar lo que es dominicano y lo que no lo es, resulta muy sencillo decidir qué sabe a República Dominicana y qué no. Somos muy diversos, pero sabemos muy bien lo que somos. Lo mismo en Santo Domingo que en Nueva York, en La Vega que en Madrid, en Barahona que en Roma, todo dominicano sabe lo que es suyo con solo “probarle el sazón”.
El "play": donde se juega a ser dominicanoDesde finales del siglo XIX el béisbol y los dominicanos han tenido una apasionante y estrecha relación, la cual ha influido de manera determinante en la historia de ambos. Aunque aún persiste la incertidumbre sobre cómo llegó ese deporte al país, ya nadie pone en duda que el mismo forma parte, de manera indisoluble, de la identidad de los dominicanos.
El béisbol en República Dominicana no es una afición o un pasatiempo, es una manera de asimilar y de exteriorizar lo propio.
Por eso un guante, un bate y una pelota significan tanto como una tambora, una güira y un acordeón. Por eso un merengue de Juan Luis Guerra dice tanto como un lanzamiento de Juan Marichal.
Después de la música popular el béisbol ha sido uno de los más importantes difusores de la cultura dominicana por el mundo. Si alguna vez el país era conocido en lejanas latitudes gracias a Oscar de la Renta o Johnny Ventura, ahora también lo es por Pedro Martínez, Manny Ramírez, David Ortiz, Albert Pujols, Sammy Sosa o Miguel Tejada. En lugares de Asia, América Latina y Estados Unidos donde República Dominicana era prácticamente desconocida ahora ondean banderas del país y los peloteros de origen dominicano son recibidos en el terreno de juego a ritmo de merengue o bachata.
El carnaval como alimentoEl carnaval dominicano se ha convertido en una fiesta popular que se enriquece y se hace cada vez más diversa con el tiempo. Durante el siglo XXI el carnaval se ha consolidado en la identidad de pueblos, ciudades y regiones. Desde La Vega hasta Sabana de la Mar, desde Constanza hasta Cotuí y desde Santo Domingo hasta Navarrete la “fiesta de la carne” se ha adueñado de los más insólitos disfraces para representar a miles y miles de dominicanos.
Diablos cojuelos, lechones, papeluses, robalagallina y decenas de personajes más encarnan el modo de ser de un país que sigue siendo esencialmente caribeño, pero que le ha abierto los brazos a las regiones más lejanas.
Las comidas como banderaLa bandera culinaria dominicana cada vez tiene más colores. Si hace un siglo los antropólogos la reducían al plato de arroz, habichuelas y carne, ahora se ha adueñado de ingredientes y costumbres mucho más diversos.
El dominicano ha seguido apegado a su sazón, pero ha degustado y hecho suyas tradiciones de Asia, Suramérica o Europa y las ha asumido como propias, típico de un ser caribeño que siempre ha vivido atento a las “corrientes” que llegan a su mar.
Pero el ingenio culinario del dominicano siempre le da un toque muy suyo a cada nueva influencia. De ahí que vendan sushi con plátano frito en lugar de algas en un carrito junto al chimichurri o el picapollo. Toda esa necesidad de “inventar” hace que un puré de yuca acompañe con distinción la más sofisticada receta que alguien pueda proponernos.
Durante las últimas dos décadas la diáspora dominicana (que así les llaman a los dominicanos que viven fuera de su tierra) se ha convertido en el más consistente promotor cultural de nuestras identidades y, como siempre sucede, todas sus “lecciones de dominicanidad” han empezado por el paladar.
Aunque Nueva York sigue siendo la capital de la diáspora dominicana, es cada vez más normal que en Madrid, Boston, Roma, Berlín o Londres aparezca una esquina donde todo el mundo está oyendo bachata y comiéndose una rueda de salami con tostones. Más que una bandera culinaria el dominicano actual tiene a las comidas como bandera y las levanta dondequiera que va.
Inventando una manera de ser
Inventamos el merengue y la bachata, pero podemos bailar salsa o reggaeton como pocos. Inventamos el mabí y el morir soñando, pero sabemos muchísimo de otras bebidas de lejanos países. Somos exagerados y comedidos, somos bullosos y respetuosos, somos sencillos y complejos. A veces llegamos y a veces nos pasamos, todo eso es parte de nuestra invencible alegría.
La dominicanidad es algo muy complejo que se puede explicar de una manera muy sencilla. La dominicanidad es lo que nos diferencia de gente tan lejana o cercana a nosotros. Ser dominicano es seguir siendo superespecial llueva, truene o ventee.
